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Una disputa por el idioma
Los conflictos generacionales pueden recrudecerse por multitud de razones, aunque algunas de ellas puedan ser un tanto insólitas. El autor belga Hendrik Conscience (1812-1883) publicó en 1837 un libro en su idioma natal, el flamenco. Sin embargo, su padre -de origen francés y furibundo partidario de Napoleón-, se enojó tanto ante esta postura idiomática de su hijo, que le expulsó de su casa y le desheredó.
El secreto de la perfección
Es bien conocida la anécdota de que el orador griego Demóstenes (384-322) se introducía guijarros en la boca para mejorar su dicción, ya que tenía tendencia a tartamudear y no podía pronunciar correctamente la letra ‘p’. Pero el gran orador tenía, además, problemas de escritura y una ortografía deficiente. Decidido a acabar de una vez por todas con estas dificultades que le impedían escribir adecuadamente, tomó una resolución y se decidió por el drástico procedimiento de copiar íntegramente ocho veces la ingente obra De bello Peloponensio [Historia de las guerras del Peloponeso] de Tucídides. Al finalizar su tarea, dominaba perfectamente el arte de la escritura y la redacción.
El valor de un experto
El emperador romano Domiciano (Titus Flavios Domitianus, 51-96) fue un gran patrón de las artes y el instaurador de los denominados Juegos Capitolinos, que incluían como parte importante de los mismos diversos concursos literarios. Además, fue un prolífico escritor de poesía. Sin embargo, quiso descollar también en el terreno científico con un tratado técnico sobre la caída del cabello, aspecto en el que pretendía ser una autoridad. Lamentablemente para su credibilidad, a los dos años de la aparición de esta obra, el emperador estaba ya totalmente calvo.
Disociación creativa
A veces pensamos que la creación literaria es un proceso de concentración y de inspiración y que, para poder escribir, es necesario un estado de ánimo específico acorde con el género y el contenido de la obra que se lleva a cabo. Ejemplo muy claro de la falsedad de esta noción lo tenemos en Fiodor Mijailovich Dostoyevski (1821-1881), quien trabajó simultáneamente en la elaboración de dos de sus novelas –Igrok [El jugador], de tema humorístico y satírico, y Prestupleniye i nakazaniye [Crimen y castigo], uno de los dramas más sobrecogedores e intensos de su tiempo–. A decir de sus biógrafos, destinaba la mañana a trabajar en una obra y, por la tarde, se dedicaba a escribir la otra.
Las crueles editoriales
Muchas personas que desean convertirse en escritores profesionales se quejan –con razón– de la falta de flexibilidad de las editoriales, reacias muchas veces a publicar obras de autores desconocidos. Todas ellas deberían conocer lo sucedido con los famosos cuentos de hadas de Hans Christian Andersen (1805-1875), reputado hoy como un maestro del género de literatura fantástica infantil. Andersen llevó los manuscritos de sus narraciones a absolutamente todas las editoriales de Copenhague y éstos fueron rechazados sin excepción y sin ni siquiera una palabra de aliento. Convencido del valor y la calidad de sus cuentos, el escritor se decidió a pagar de su propio bolsillo la primera edición de su libro.
La enciclopedia del mundo antiguo
El primer hombre del que se tiene noticia que emprendió materialmente la aventura enciclopédica, en realidad, fue Asurbanipal, rey de muchos pueblos y soberano ilustrado del país de Asur, que reino desde el 668 al 631 a. de C. y al que se conoce también como Sardanápalo. La suma de los conocimientos que recopiló venía encabezada por estas palabras suyas: «Yo, Asurbanipal, he leído todos los escritos que los príncipes, mis predecesores, habían acumulado. [...] He recogido estas tablillas, las he hecho transcribir y, una vez coleccionadas, las he marcado con mi nombre, para conservarlas en mi palacio.»
La obra más lenta
Se dice que Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) tardó sesenta años en acabar su famosa obra Fausto, que corrigió una y otra vez. Sin embargo ha habido libros de más larga elaboración. La obra que más ha tardado en ser redactada ha sido el Deutsche Wörterbuch, un diccionario enciclopédico alemán. Consta de 33 volúmenes y 34.519 páginas. Lo comenzaron a escribir Jacob Ludwig Grimm (1785-1863) y Wilhelm Karl Grimm (1786-1859) en 1854 y lo finalizó un grupo de académicos en 1971, lo que da un total de 117 años.
